
Y la vida vuelve a su cauce, a ese del que nunca salió, pero al cual se quiso arriesgar a no volver a entrar.
54 piezas de mis gafas, mi sonrisa, mis lunares, el sofá y mi bracito. Yo, hecha puzzle. Y en cada pieza un nombre, un lugar, un sentimiento, algo clave.
Rebeca se pregunta por qué sonrío, y la respuesta que se da es que soy feliz. Yo no quito mano. Ella ha sabido encontrar 54 cosas que me hacen feliz, y ha acertado con todas. Tengo muchas más en la recámara, pero ella ha recordado las fundamentales, las que me hacen ser quien soy, aunque a veces me pese.
54 piezas que me han alegrado la tarde, que me han hecho darme cuenta de que si soy un puzzle, es para que me hagan y me deshagan los que me tengan delante. Que a veces soy críptica, pero si uno va seleccionando las esquinas y los bordes no es tan difícil reconstruirme. Que puedo divertir haciendo pensar, y que me pueden hacer pensar divirtiéndome.
Montar el puzzle es gratificante aunque al hacerlo aparezca siempre la misma imagen.
Y sí, mi vida vuelve a su cauce, a ese que no tiene marcado, a ese que no existe, porque sólo ha existido o existirá, porque sólo puede tener un trecho hecho y otro por construir.
Gracias Rebe/amigui invisible, ha valido la pena la tardanza. A pesar de todo, y precísamente gracias a todo eso que nos separa, me siento orgullosa de poder decirte: Te quiero!
(Dentro de poco este blog va a parecer La casa de la pradera. Amigos, ayudadme a dejar de deciros cursiladas, ¡joder, Anne Egartiburu a mi lado parece la señorita Rottenmeyer!)
Palabras para el blogcionario: cauce, gafas, mano, puzzle