de la cabeza a la red

jueves, diciembre 30, 2004

Volver

Sentir que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que, febril, la mirada
errante en la sombra
te busca y te nombra.

¿por qué todos los tangos acaban teniendo su parte de razón?

lunes, diciembre 20, 2004

El regalo

Hoy no he encontrado las llaves que buscaba, sin embargo ha habido quien ha encontrado otras para mí. Con ellas simplemente cierro puertas de habitaciones que pedían a gritos ser clausuradas.
Aún (es pronto) no se han abierto nuevas puertas. Yo espero, no me importa aguardar en el pasillo que, al fin y al cabo, es una habitación más.
Yo espero porque hoy me han regalado esperanza y no desespero porque mañana el regalo es la Vida.

miércoles, diciembre 15, 2004

Temblor

Por suerte sólo te sucede en ocasiones puntuales, casi parece que estás empezando a controlarlo, pero cuando crees que lo tienes dominado, se zafa, y aparece en el momento más inesperado.
En ciertos momentos lo prevés, eres consciente de que en pocos segundos sucederá lo inevitable: el corazón dejará de latir para ponerse a temblar y ese impulso se extenderá por todo el cuerpo. Primero guiñarás los hombros, después los codos te bailarán y los dedos poco tendrán que envidiarle al más veloz de los colibríes. Las rodillas parpadearán continuamente, y para cuando los pies se unan a ese vertiginoso ritmo, el cuerpo entero se habrá convertido en una amalgama, en una orquesta de locos.
Pero volvamos donde estamos: segundos antes de que todo comience. Te sientes irremisiblemente fracasada porque ni siquiera puedes luchar contra ti misma, y sabes que el amor y la lucha, como la caridad bien entendida, empiezan por ti misma.

jueves, diciembre 02, 2004

Sed

Después de colgarse aparatosamente su bolsa roja, ella sale de clase, baja las escaleras, siempre agarrándose a la barandilla -se ha caído tantas veces y por tantas escaleras que agarrarse ya es un acto reflejo- y llega a la entrada de su facultad. Sin apenas darse cuenta atraviesa el umbral de aquellos muros de hormigón y se encuentra frente a algo parecido al diluvio universal.
Si se hubiera parado a pensar, probablemente hubiese retrocedido sobre sus pasos y hubiese bajado a la cafetería a esperar a que escampase, pero por una vez no pensó. No sabe por qué no lo hizo, ella acostumbra a pensar hasta el detalle más nimio, pero esta vez ni siquiera tuvo ese par de segundos que muchas veces le bastan para poder reflexionar acerca de algo. Ni siquiera eligió no pensar, simplemente fue automático.
Echó a correr y comenzó a empaparse progresivamente: primero su flequillo, después todo su pelo, sus gafas, su abrigo, sus zapatos.

Por fin la carrera culminó en la boca de metro de ciudad universitaria donde, ya resguardada, se felicitó por haber conseguido su inicial y supuesto objetivo: ponerse a cubierto y en dirección a casa.
Y digo "supuesto" porque mientras corría, Paloma hubiera deseado borrar el metro del mapa. Así se habría visto obligada a correr bajo la lluvia hasta casa y habría tenido más posibilidades de convertirse en agua y fundirse con la que caía del cielo.
 
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