de la cabeza a la red

domingo, febrero 20, 2005

Todo es mentira

Quizá caí en un error utilizando está frase, quizá no es correcta, quizá lo mejor hubiera sido poner "todo es relativo", o "la verdad absoluta no existe", pero puse "todo es mentira" porque nada es objetivo, y, por tanto, no es cierto, y, como vivimos en el mundo de los contrastes y de las exclusiones, me apunto a la moda y pienso: "si nada es verdad, es que todo es mentira".
Craso error por mi parte que rectifiqué con la misma frase que después explicaré.
Volviendo a lo de las exclusiones: es costoso (al menos a mí me lo parece) hacer una reflexión acerca de la integración y, por tanto de la exclusión. De hecho, si nos vamos a cuestiones metalingüísticas ¿integración excluye a exclusión?. En fin, dejemos a un lado cuestiones metalingüísticas y vayamos a las de pensamiento: ojalá algún día negro no excluya a blanco, ni el progresismo excluya a la tradición, ni la mujer al hombre, ni la vida a la muerte, ni la diversión a la seriedad...(y viceversa todas ellas, por supuesto) Personalmente, cada vez soy más consciente de que en mi vida cada día se unen más cosas, se integra todo más, cada día excluyo menos, hago menos distinciones entre situaciones que parecen determinar hoy en día las formas de vivir, de pensar, de sentir, de actuar propias o mayoritarias de la sociedad en la que vivo y las que no lo son: me cuestiono todo, todo me lo pregunto. Quizá sería más feliz si viviera en la ignorancia de la ignorancia: a veces envidio a los borregos que ni siquiera son conscientes de que lo son. Pero qué le voy a hacer, estoy hecha así: lo asumo y trato de llevarlo lo mejor que puedo. Y no me pregunto para hallar respuestas. Me pregunto para seguir caminando, para seguir conociendo, para poder (como decía Wolinsky) sentirme orgullosa de haber luchado durante toda mi vida contra las ideas que he defendido en cada momento, en definitiva, para poder seguir viviendo.
Y por eso, la misma frase del principio me sirve para redondear este textito. Días después de haberla escrito me di cuenta de la paradoja en la que había caído: si todo es mentira, la propia afirmación que hago ("todo es mentira") también lo sería. Dos realidades luchando la una contra la otra, y sin solución (ninguna puede vencer a la otra, puesto que acabaría perdiendo ella misma). En cierta medida, así soy yo: multitud de realidades que luchan unas contra otras, realidades que ni ganan ni pierden, que simplemente luchan para sentirse vivas y acabar conciliándose en una pura contradicción.


Arrate, este post te lo dedico a ti, gran salsa de paradojas, gran luchadora contra ti (y contigo) misma, pequeña gran mujer.
 
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