de la cabeza a la red

lunes, abril 25, 2005

Ángeles (Festival de Málaga I)

Madrugada del domingo 24 de abril, salida del teatro Cervantes de Málaga:
Salgo del cine y lo primero que hago es llamar a Raúl para contarle todo. Es de los pocos que además de alegrarse por mí, iba a comprender perfectamente mi estado de ánimo e incluso me iba a tener la misma envidia que le tendría yo a él si estuviera en mi lugar. Le cuento lo de Adriana Ozores, Verónica Forqué, Gerardo Herrero, Joaquín Oristrell, María Adánez, Pepón Nieto, Fernando Colomo y un largo etc.
Pero le tengo que colgar. Veo a Ángeles González Sinde y le cuelgo avisándole antes del motivo de la interrupción de la llamada. Nada más colgar, la miro y empiezo a pensar: el guion de La buena estrella, el guion de Lágrimas Negras, el guion de Segunda piel, el guion de Las razones de mis amigos, el guion de La puta y la ballena, el guion y la dirección de La suerte dormida, entre otras, y, por supuesto, el de Heroína, película que acabamos de salir de ver.
Ángeles pasa desapercibida ya que la gente sólo reconoce a actores y actrices, lo cual le permite esperar a la puerta del teatro charlando.
Yo, de verdad, suelo ser tímida, de hecho la he tenido delante otras veces en mi facultad y nunca me he acercado, como mucho, he hecho alguna pregunta en algún cinefórum. No obstante me acerqué a ella, interrumpí lo más educadamente que pude su conversación y le pedí un autógrafo. Ella me miró sorprendida y me contestó: "uff, no sé, los guionistas no solemos firmar autógrafos". Entonces mi respuesta fue: "claro que sí, los guionistas firmáis autógrafos a los que quieren ser guionistas como vosotros". Entonces esta mujer delgada, esbelta, y (me atrevería a decir) tímida cogió mi libretilla y empezó a escribir: Para Paloma, para que así quede por escrito su compromiso de ser guionista. Con cariño, Ángeles G. Sinde.
Para mí esto tiene más valor que el título universitario que obtendré dentro de dos años, o incluso que el de el futuro master que quizá haga al terminar la carrera. Mi vocación trasciende y pasa de ser una declaración de intenciones a un compromiso firme y ratificado por uno de mis (sin ella saberlo) maestros.
Qué cosas tiene la vida.

viernes, abril 15, 2005

Centrifugado

Creo que quienes ponemos y tendemos lavadoras a las dos de la mañana tenemos un pequeño problema. Hablo en plural porque espero no ser la única en dedicarse a tal menester a tales horas. Y digo que tenemos un problema porque no suele ser lo más normal después de una ardua mañana de trabajo y una espléndida tarde de tiempo libre invertir justamente esas horas, en las que una ya debería estar en la cama, en lavar la ropa sucia.
Podría hablar de metáforas, y hacer una interpretación de todo esto. Podría deciros que el motivo de que me gusten las lavadoras nocturnas radica en que me gusta limpiar las cosas, limpiarme por dentro, solucionar mis problemas de noche, sin que nadie se entere. Quedaría como si fuera una artista con graves conflictos internos que acaba carcomida por sus propias contradicciones, ignoradas por el resto de los mortales.
Pero va a ser que no, no porque no tenga conflictos, sino porque no se sintomatizan con las lavadoras. No creo que haya que buscarle a todo un porqué ya que a veces las cosas suceden, sin motivo, o incluso, yendo más allá, encontrar los motivos por los que suceden ciertas cosas no quiere decir haber encontrado la poción mágica que hace que los problemas se resuelvan. Pongo lavadoras a las dos de la mañana aparte de por mi insomnio, porque me da la gana, porque ni siquiera me planteo cuál es la hora más indicada para poner una lavadora, y porque hacer las cosas de forma distinta a la de la mayoría no significa tener un problema, porque nunca creí en "lo normal" estadísticamente hablando, y porque, por suerte, siempre habrá alguien más "raro", que, por ejemplo, se dedique a tender la ropa a las cinco de la mañana (y si no lo creeis, preguntadle a Yolanda por sus vecinos).
 
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